El mundo del rock mexicano se viste de luto tras confirmarse el fallecimiento de Roberto “Oso” Michorena, bajista original de la agrupación Three Souls in My Mind, la cual más tarde se transformaría en la legendaria banda El Tri. La noticia fue compartida por Charlie Hauptvogel, baterista y amigo cercano del músico, quien destacó la importancia de Michorena en los primeros pasos del movimiento rockero en México.

La historia de Roberto Michorena está íntimamente ligada a la construcción de una identidad musical que, en la década de los setenta, rompió paradigmas y abrió caminos a generaciones posteriores. Su presencia en la primera alineación de Three Souls in My Mind lo convirtió en uno de los protagonistas de una etapa que definió la esencia del rock urbano.
Antes de unirse a esta agrupación, Michorena desarrolló proyectos personales en Centroamérica, incluso llegando a fundar un sello discográfico en El Salvador. Sin embargo, el destino lo llevó de regreso a México, donde su talento y su disciplina encajaron de manera perfecta en la banda que marcaría un antes y un después en la música en español.
De acuerdo con Hauptvogel, el bajista fue pieza clave en cinco producciones discográficas del grupo, dejando una huella sonora que hasta hoy sigue influyendo en el género. Además de su destreza musical, compañeros y allegados lo recuerdan como un hombre con una gran formación cultural y académica, lo que enriqueció su aporte artístico en el escenario.

Uno de los momentos más recordados en la trayectoria de Michorena fue su participación en el festival de Avándaro, en 1971, evento considerado por muchos como el “Woodstock mexicano”. Aquel concierto marcó un parteaguas en la historia cultural del país, y el bajista estuvo presente en el corazón de ese acontecimiento que aún sigue siendo objeto de análisis y debate.
La muerte de Roberto Michorena ocurrió a los 83 años de edad, luego de enfrentar complicaciones intestinales y un progresivo deterioro físico que lo llevó a someterse a varias intervenciones quirúrgicas. Aunque sus seres queridos eran conscientes de su estado de salud, la noticia resultó dolorosa para quienes compartieron con él más de seis décadas de amistad y música.
En palabras de Hauptvogel, su compañero había perdido fuerzas en los últimos meses y ya le resultaba difícil incluso sostener el bajo. Pese a ello, lo describió como un caballero, un músico disciplinado y un artista que supo combinar el amor por el escenario con una gran calidad humana.
El legado de Michorena dentro del rock en español trasciende a su participación directa con El Tri. Él fue parte de esa primera generación que, en medio de censura y prejuicios, apostó por un estilo de música que más tarde se consolidaría como una de las expresiones más representativas de la juventud mexicana. Su contribución quedó registrada no solo en discos, sino también en la memoria de quienes presenciaron sus interpretaciones en vivo.
El festival de Avándaro, donde Michorena estuvo presente, también se recuerda como un episodio polémico. Realizado en septiembre de 1971 en el Estado de México, fue planeado inicialmente como un evento de automovilismo, pero terminó convirtiéndose en una masiva reunión de jóvenes alrededor del rock. Los medios de la época lo calificaron de escandaloso, lo que provocó una ola de censura que marginó al género por años. Para muchos músicos, aquello significó el inicio de toques en espacios clandestinos conocidos como “hoyos fonky”.
Hoy, la partida de Roberto “Oso” Michorena se suma a la memoria de los grandes pioneros que hicieron posible que el rock mexicano se abriera paso en un contexto adverso. Su bajo fue la base rítmica de una revolución cultural y musical que todavía resuena. Para colegas y seguidores, su nombre quedará escrito junto a los de aquellos que transformaron para siempre la historia del rock en México.