En en jfk de new york llega una mujer desde tokio con un pasaporte de un pais que no existe

Aquel amanecer gris en el aeropuerto John F. Kennedy transcurría como cualquier otro: llegadas internacionales, maletas rodando, rostros cansados. Pero entre la multitud apareció una mujer que nadie había visto antes, con un pasaporte que desafiaba la lógica. En la primera página, bajo un sello azul profundo, se leía claramente: “República de Torenza”.

El agente de inmigración frunció el ceño. Buscó el país en la base de datos. Nada. Intentó en los mapas digitales. Nada. Ni una coordenada, ni una referencia histórica. La isla Torenza no existía en ningún registro geográfico, político ni diplomático del planeta.

La mujer, de cabello oscuro y mirada serena, insistía con calma:
—Vengo del puerto de Alnara, al sur de Torenza. El vuelo fue largo, pero hermoso.

Su acento era inusual, una mezcla imposible entre lenguas mediterráneas y caribeñas. En su equipaje llevaba monedas con símbolos marinos desconocidos y un libro con letras que ningún lingüista pudo descifrar.

Durante horas intentaron encontrar una explicación: ¿un error?, ¿una farsa?, ¿un salto en el tiempo? Pero nada coincidía. Las cámaras del aeropuerto registraron su llegada… aunque, curiosamente, en los minutos siguientes, su imagen se desvanecía de las grabaciones como si la luz la hubiera borrado.

Nadie volvió a verla.
Solo quedó su pasaporte —guardado en una caja de seguridad— con un sello que aún brilla débilmente bajo la luz:
Torenza, la isla que no aparece en ningún mapa.

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