La historia de Tom y Eileen Lonergan sigue siendo, más de dos décadas después, uno de los misterios más impactantes relacionados con el buceo en aguas abiertas. La pareja estadounidense desapareció en 1998 durante una excursión en la Gran Barrera de Coral, en Australia, y nunca se encontraron sus cuerpos. Su caso inspiró la película Open Water y generó múltiples teorías, desde un trágico accidente hasta hipótesis más especulativas sobre una desaparición deliberada.
El 25 de enero de 1998, Tom, de 33 años, y Eileen, de 28, ambos originarios de Luisiana, se unieron a un grupo de turistas que abordó el barco MV Outer Edge, con destino al arrecife St. Crispin, un lugar famoso entre los buceadores por la diversidad de su vida marina. La pareja, con experiencia en el buceo y recién llegada de un periodo de servicio con el Cuerpo de Paz en Fiyi, buscaba disfrutar de una de las zonas más impresionantes del océano.
Ese día realizaron dos inmersiones sin incidentes y luego se prepararon para una tercera. Testigos recordaron haberlos visto explorando una almeja gigante en el fondo marino, poco antes de que se separaran del grupo. Fue la última vez que alguien los vio con vida.
El problema comenzó durante el recuento de pasajeros a bordo. Debido a un error en el conteo, en el que se incluyó dos veces a turistas que se habían lanzado al agua de forma tardía, la tripulación dio por hecho que los 26 pasajeros estaban a bordo. Así, el barco regresó a puerto sin notar la ausencia de Tom y Eileen.
Durante esa tarde y noche, varias señales de alerta fueron ignoradas. Sus bolsas de buceo permanecieron en el barco, junto con equipo personal que no había sido reclamado. El conductor encargado de trasladar a los turistas al hotel advirtió que faltaban dos pasajeros, pero recibió la instrucción de continuar con su ruta. Al día siguiente, el barco volvió a salir con otro grupo de buceadores, sin que nadie sospechara lo ocurrido.
No fue sino hasta dos días después, cuando se revisaron las pertenencias olvidadas a bordo, que el capitán comprendió que había un problema grave y dio aviso a las autoridades. Inmediatamente se desplegó una operación de búsqueda a gran escala que incluyó helicópteros, aviones y equipos de rescate marítimo. Sin embargo, tras días de rastreo en una vasta área del mar del Coral, no hubo rastro de los Lonergan.
Con el tiempo aparecieron algunos objetos personales en la superficie y en la costa de Queensland, como chalecos salvavidas, aletas y trajes de neopreno identificados como suyos. Estos hallazgos reforzaron la teoría de que se trataba de un accidente en alta mar, aunque nunca se pudo reconstruir con exactitud lo sucedido.
El caso adquirió aún más notoriedad cuando se hicieron públicos los diarios personales de la pareja, encontrados en la habitación que ocupaban en Cairns. En ellos había reflexiones íntimas, en las que Tom mencionaba sentirse en paz con la idea de morir y Eileen expresaba preocupación por la forma de pensar de su esposo. Estas anotaciones fueron interpretadas de diferentes maneras, pero no existió evidencia que confirmara un plan de desaparición voluntaria.
Las autoridades australianas concluyeron que los Lonergan habían sido víctimas de un trágico descuido, resultado de la falta de protocolos adecuados en el control de pasajeros. El capitán del barco fue procesado por negligencia, aunque posteriormente fue absuelto. El incidente marcó un antes y un después en la regulación de la industria del buceo en Australia, donde se endurecieron las normas de seguridad para prevenir situaciones similares.
Hoy, el misterio de Tom y Eileen Lonergan permanece abierto en la memoria colectiva. Sus pertenencias aparecidas en el mar son lo único tangible que quedó de aquella jornada, mientras que sus cuerpos jamás fueron recuperados. Más allá de las teorías, lo ocurrido sirve como recordatorio de la importancia de la seguridad en actividades turísticas de riesgo y del impacto que una cadena de errores puede tener en la vida de las personas.
La historia de esta pareja continúa generando debate y reflexión, no solo por su desenlace incierto, sino porque muestra lo frágiles que podemos ser ante la inmensidad del océano y lo crucial que resulta la responsabilidad en cada detalle logístico de este tipo de aventuras.